Cántico de los elementos
Saludos, honrados lectores,
hoy os presento, con honores,
los grandes elementos,
que inspiran a cientos,
en sus amores, y en sus dolores.
Saludos, ardientes lectores,
soy fuego, el ardiente,
el dorado, el caliente,
el que purifica, ilumina,
vivifica y, en la oscuridad, camina;
Yo inspiro al amor, a la pasión,
al calor, a la canción,
a la oración y a cuantas cosas,
hermosas, o no, me invoquen.
Saludos, ardientes lectores,
se despide de vosotros, y
de los otros, el ardiente elemento,
con su dulce canción.

Saludos, húmedos lectores,
soy agua, la pura, la transparente,
la limpia, la fresca, la inocente,
la que alimenta y alienta a natura,
de una forma eterna y pura,
y la que deshace la suciedad,
para tornarla en puridad,
de todas las cosas de este,
nuestro frágil mundo.
Yo inspiro al alma, a la vida,
a mis otros hermanos,
a la música, mi amiga,
a la paz, a los hombres mansos,
a la belleza, y, en fin, a todo
cuanto se halle bajo mi gran fundo,
llamado, por los mortales, mar.
Saludos, húmedos lectores,
se despide de vosotros,
y de los otros, el húmedo elemento,
con su canto sin cuento.

Saludos, aéreos lectores,
soy aire, el travieso, el invisible,
el incorpóreo, el omnisciente,
el gran viajero, testigo del devenir
y el sufrir del común de los mortales,
con unas historias tales, que lo
hacen increíble.
Yo inspiro al mortal, con su penar,
a, desde el suelo, volar.
Inspiro a la música, cuya voz
transmito por el mundo, cual mito,
y de forma veloz.
A la salud la llamo mi amiga,
al agua, mi alegría,
y al fuego, mi armonía.
Yo, cual tierno niño, inspiro
inocencia y clemencia, y
aborrezco la malicia.
Acompaño al joven, al viejo,
al marinero y al posadero,
al hombre y a la mujer,
en su diario caminar,
y, desde el suelo, al cielo,
mi morada amada, les hago
mirar.
Saludos, aéreos lectores,
se despide de vosotros,
el aéreo elemento
con su canto cierto,
y un beso de viento

Saludos, urbanos lectores,
soy tierra, la estática, la eterna,
la, habitualmente, inmóvil, la bella,
la fértil, la profunda, la interesante,
la inabarcable, en fin, aquella por la
que los mortales cogen todos sus desvelos.
Yo inspiro la salud, de la que soy trono,
sostengo a mi húmeda hermana,
de la que soy modelo, reflejo y sostén,
mantengo a mi ardiente hermano, del
que soy contrapeso, víctima y verdugo,
y me complazco con mi aéreo hermano,
del que soy base, cimiento y bello tono.
Por mí pasan todos los hombres,
con sus dolores y labores,
en mí tienen lugar los mayores nacimientos,
y en mí clavan, los monumentos, sus cimientos,
dando fe de mi solidez, robustez y honradez.
Por mí se libran batallas, en mí se firman paces,
y es tanta mi grandeza, que los rapaces, en mí,
tienen su última morada de pereza.
En mí nace la vida, en mí mora la muerte,
en mí vive la riqueza, en mí mora la pobreza,
por mí se libran pleitos, en mí vive la suerte,
en mí moran mis otros hermanos, y por mí
el hombre usa sus manos.
En mí se alegran los sentidos, por mí se muere
el hastío, y en mí nacen y mueren las estaciones,
que, pasan por mí, cual caducas canciones.
Y ya, por fin, en mí reside la vida.
Saludos, mis urbanos lectores, se despide
de vosotros el estático elemento,
con su canto silencioso y un beso de barro.
Saludos, honrados lectores,
hoy os presenté, con honores,
los grandes elementos,
que inspiraron a cientos,
en sus amores, y en sus dolores
y de cuyos cánticos, os hago testigos
y tiernos amigos.
Que Noctiluca y sus fosfóreos hijos, os acompañen.
Salud para todos.

Comentarios
Publicar un comentario